Páginas arrancadas del diario de un reptil (10)

20 octubre 2006

        Atranco la puerta con una silla y me asomo a la ventana para ver las estrellas. Un par de ellas nada más, la noche se me aparece nublada. Ahora ya con más calma. Antes de encerrarme aquí le he dejado las cosas bastante claras, creo, pero no me fío un pelo. Espero que no sea necesario lo de la silla pero es una buena solución de todos modos, en situaciones como esta nunca se sabe. Nunca se sabe.

        La casa está bien, sabe montárselo, ya sabía yo. Lo mejor el salón, los sofás son cómodos y sobretodo, sobretodo, sobretodo la figura a tamaño real, la toco y parece de plástico, del personaje de “El Grito”, de Munch, o como sea que se escribe, con las manitas en la cara y el gesto desencajado, pobrecito, bajo un cielo tan extraño. Sobretodo por eso está bien su casa y su salón. Cualquiera puede tener unos sofás mullidos y una buena iluminación, unos baños sin ratas, una nevera que no chorreé, en fin, la nevera no la he visto pero se intuye. Lo de las ratas también lo digo sin conocimiento de causa, la verdad. Esto sería tan aburrido sin la incertidumbre de las ratas… unas buenas ratas al acecho… eso en cuanto al salón. En el cuarto la ventana de las dos estrellas, la silla atrancando la puerta – cosas que se aprenden en las películas -, la cama la probaré de inmediato. Cómoda. Más que el suelo. Principio básico de toda cama, sin duda. De esto sí estoy convencido. Las paredes están llenas de cuadros y posters de cuadros, estilos en amalgama, la bombilla los ilumina con su tiritar, parece tan triste… La inclino con un dedo y la dejo caer. Movimiento armónico simple, por lo que recuerdo. Las sombras se desplazan con su vaivén. Debajo sigo estando yo.

        Me caía simpático. De lo contrario no estaría aquí, supongo. ¿Cómo he llegado hasta aquí? En su moto. Cualquiera te dirá que montarse en la moto de un desconocido no es la mejor de las ideas. Bueno, sí, ahora ya da igual. ¿Cómo es que me cayó simpático? Supongo que por sus pausas y su tono de voz, a menudo me fijo más en eso que en las palabras. Era interesante, un tipo de otro continente, me pareció ver en su mirada, en su forma de entonar la franqueza del desierto, la cercanía del pueblo berebere, me cayó bien de entrada, por todo esto… ¿o por tener un sitio donde dormir? A lo mejor la idea subconsciente de no volver a al parque lo había maquinado todo a mis espaldas y me cayó bien él como podría haber sido cualquier otro. Creo que, en cualquier caso, esta hipótesis no explica por sí sola porqué no bajé de la moto cuando empezó a sobarme las piernas. O la primera vez que me tocó el paquete. No. A pesar de todo he llegado a su casa, tiene que haber algo más. Seguramente hayan sido las ganas de ver cuanto más raro se puede convertir todo: Cada hombre está clavado en su cruz particular, que decía Bukowski. Y que cojones, parece buena gente, realmente lo creo, un buen tío a pesar de todo. Con sus vicios y todo eso pero quien no los tiene, y más a su edad, a su edad empiezan a tenerse las cosas algo más claras. Algunas. Las más básicas, creo. No se lo he preguntado. Pero le pierde el vicio, le pierde, ¡Cómo somos! Al final se ha ido todo al carajo.

en -bitácora reptiliana-

2 comentarios Opina tú también

  • 1. Chis  |  20 octubre 2006 a las 8:27 am

    Porqué eres tan bueno Hambrunas! Cada semana me sorprendes. Bueno, no del todo.

  • 2. gato&  |  20 octubre 2006 a las 10:27 am

    Felicitaciones don hambru. Su relato me ha tocado. Mu bien narrado.

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