Conversaciones vacías

11 enero 2006

Cuando volvía a casa este mediodía he coincidido con un vecino. Por el salto generacional, entre otras cosas, no tenemos mucho trato. El caso es que hay que tener una conversación como sea (¡qué poco valorado está el silencio!) y a alguien como yo, que no es muy hablador, esto le cuesta.
Siempre está el manido recurso de hablar del tiempo: «Que buen día hace hoy», «Parece que va a llover». Gracias a los medios de comunicación ni siquiera tenemos que aventurar pronósticos: «He oído en la radio que van a bajar las temperaturas» y además enriquecen nuestro vocabulario: «Viene un anticiclón del copón». Y como no hay confianza y nadie te va a decir «tú, chaval, eres tonto», puedes decir prácticamente lo que quieras: «Tiene pinta de venir un huracán» y te quedas tan ancho.
Al hilo de esto último, está la característica de no persistencia de la conversación, quicir, que nadie se acuerda de lo que le has contado y puedes reutilizar el guión de la charla cuantas veces quieras: «-¿En que trabajas? -En una consultoría. -¿Y eso que es?-…», mismo interlocutor al mes siguiente, «-¿En que trabajas? -Sigo en una consultoría. -¿Y eso que es?-…», al año, «-¿En que trabajas? -Errr, soy minero. -Sí, es verdad, ya me lo habías comentado.»
Esto en lo que ser refiere a las conversaciones estándar, luego estaría la versión reducida, que es la que se produce en el ascensor, que se puede eludir con accesorios, poniendote a jugar con las llaves muy concentrado. Ó la versión dopada, que es cuando sales de juerga y te encuentras con alguien con quien, normalmente, no acostumbras a cruzar más que un saludo, pero que en esa ocasión por el estado de embriaguez de alguno de los dos o ambos, te acaba contando toda su vida o viceversa.

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3 comentarios Opina tú también

  • 1. txurdi  |  11 enero 2006 a las 9:56 pm

    Nosotros en la cuadrilla las llamamos OPC.
    Todo viene de un día en el que una de esas conversaciones duro el tiempo que tardó la otra persona en comerse una palmera de coco.
    De ahí en adelante a las conversaciones vacías las llamamos OPC.
    OPC=operación palmera de coco.

    Como diría aquel: fascinante.

  • 2. Nino  |  12 enero 2006 a las 9:12 am

    jeje, es muy buena Txurdi.
    Yo vivo en un sexto piso, con un ascensor leeeeeento, así que os podéis imaginar la de veces que comento el tiempo…
    En cambio, las de juerga no las tomaría como vacías, ya se sabe, los niños y los borrachos siempre dicen la verdad. Grandes confesiones se hacen a esas horas, y a quien menos esperas.

  • 3. hambru  |  12 enero 2006 a las 9:52 am

    Lo de la no persistencia es gracioso… pero no estoy de acuerdo. A veces, durante una OPC me quedo pensando ¡pero como coño sabes tu eso de mi! Opciones:
    a) soy amnesico profundo (y/o puntual por dopaje)
    b) Acaparo las OPC de los demás
    Ninguna de las dos me tranquiliza…

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