Archivo del día 12 junio 2006

Páginas arrancadas del diario de un reptil (02)

Ya en la calle comencé a andar en dirección a un parque, uno que quedaba a dos manzanas de allí. Me temblaban las rodillas. Por lo menos el tiempo acompaña, me dije, una de las ventajas del mediterráneo, no hay duda, sí, es verdad, toda una suerte este solecillo tan rico… pasé un rato hablando del tiempo conmigo mismo y funcionó, el tembleque casi había desaparecido.

El parque se hundía levemente bajo la línea de la calle, cuatro carriles de circulación a cada lado, dibujando una especie de triangulo. En el centro había una plaza rodeada por un enorme banco circular, me gustaba porque siempre había un punto del banco en el que el sol te daba en la cara. No era muy concurrido, además. Llegué abajo y me detuve mientras observaba los melocotoneros que florecían en la pendiente. Me sobrevino el recuerdo de Rusconi, pobrecito gato, mi gatito de ojos grandes, tumbado a mi lado hace sólo seis días, ahora muerto y enterrado. Por siempre jamás, ahí es nada. Me tumbé boca arriba recostando la cabeza sobre la mochila y encendí un cigarro. Te lo mereces, me dije, vaya día más jodido. Mientras fumaba pensé en como una vez encendido comienza a consumirse, el cigarro, más rápido o más lento pero inevitablemente, y en como esas variaciones en el ritmo coinciden con nuestra relación con el tiempo; momentos de pausa y observación quieta en los que ardemos lentamente y al lado de estos los otros, en los que el fuego se aviva y sentimos con intensidad nuestros pulmones llenos de aire, momentos que realmente se pueden considerar vividos. Del girar de esta rueda se desprende el humo, como el eco de todos nuestros actos, su sordo rumor, ascendiendo y alejándose en hilos armoniosos hasta diluirse. Las caladas y los giros se suceden mientras observamos la distancia entre todos ellos y también la que nos lleva hasta el principio de toda esta historia, cada vez más lejano, y la certeza del final y la distancia infranqueable. No era el mejor momento para discurrir, necesitaba distraerme con algo, dejar de pensar durante un rato. Revolví en mis bolsillos primero y en la mochila después; eché unas cuentas. Cinco euros: un libro viejo y una botella de vino. Libro viejo y botella de vino a la de una, a la de dos, a la de tres. Libro viejo y botella de vino para el caballero.

Viene de…

3 comentarios 12 junio 2006


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