A principios de los noventa un estudiante de psicología grabó a un grupo de enfermos mentales hablando sobre la locura en el hospital Dr. José Borda de Buenos Aires. Aquella experiencia se transformó poco después en LT22 Radio La Colifata, la primera radio en el mundo hecha desde un hospital psiquiátrico por los propios internos. Una radio que rompe el muro que separa “cuerdos” de “locos”.
… uno de los objetivos era reconstruir el uso del lenguaje (…) cuya pérdida es uno de los elementos asociados a las psicosis, así como modificar la idea de que los internos psiquiátricos son gente peligrosa (…) y mejorar la comprensión del problema de la demencia.
En trece años de trabajo, el hospital nunca nos ayudó económicamente ni nos dio un espacio físico para poder trabajar. La Colifata tuvo reconocimientos en congresos, pero seguimos trabajando al aire libre.(…)(Entrevista a Alfredo Oliveira, director del proyecto)
Hoy, casi veinte años después, La Colifata se ha convertido en un modelo de radio terapéutica en expansión (dió origen a Radio Nikosia de Barcelona, entre otras radios ‘hermanas’ en Europa y Sudamérica). La última campaña publicitaria de Aquarius ha llevado a los colifatos a la televisión, haciendo que aunque sea de refilón, el gran público conozca su trabajo.
LT22 Radio La Colifata es también el nombre de un documental producido por Bausan Films que fue presentado en el festival de Gijon del año pasado. Puede que sin el tirón que supone la campaña de Aquarius no se hubieran arriesgado a estrenarla en los cines. La vida está hecha de casualidades y puede que gracias a una de ellas el documental haya acabado por estrenarse a nivel nacional (el estreno será este próximo viernes.)
El documental nos brinda la oportunidad de conocer a las personas que hacen posible esta radio, escuchar unas voces que pocas veces tenemos la oportunidad de escuchar y acompañar a alguno de ellos en su visita a las emisoras ‘amigas’ en Europa, además de disfrutar de la catarsis en el momento en el que acompañan a Manu Chao en un directo. Podeís ir abriendo boca con algún fragmento que han ido colgando en el youtube:
No sé quien me dijo que en el primer cuarto de hora de Pozos de ambición no hablaba nadie como si eso fuese algo extraño. Que no haya diálogo no quiere decir que no pase nada y en esos quince minutos Paul Thomas Anderson caracteriza al personaje protagonizado por Daniel Day Lewis. PTA nos trae esta vez una historia épica que poco tiene que ver con Magnolia o Punch-Drunk Love pero quizás si con Boogie Nights.
Daniel Pleinview es hombre labrado así mismo y por la dureza de los albores del país de las oportunidades. Si bien al principio se nos pinta como un ejemplo positivo, según avanza la película empezamos a descubrir las oscuras dobleces de su carácter. El título original, There will be blood, nos dice más de lo que puede ser una historia que termina asemejándose a una parábola bíblica.
En el tercer acto la historia pierde algo de fuerza, a la vez que Daniel Day Lewis sobrepasa la delgada línea de la sobreactuación, pero no por ello deja de ser una de las mejores películas del año. Habría que hacer una mención positiva de los secundarios, sobre todo de Paul Dano que hace un tremendo papel, y de la fotografía que es fabulosa retratando la América de principios del siglo XX.
Allá por el año 2000, el senador brasileño Cristovam Buarque, que participaba en un debate en Nueva York, fue cuestionado sobre su opinión en cuanto a la internacionalización de la Amazonia. Quien planteó la pregunta, la introdujo diciendo que esperaba la respuesta de un humanista y no la de un brasileño. Aquí la respuesta que publicó unos días depués:
Realmente, como brasileño, sólo hablaría en contra de la internacionalización de la Amazonia. Por más que nuestros gobiernos no cuiden debidamente ese patrimonio, él es nuestro. Como humanista, sintiendo el riesgo de la degradación ambiental que sufre la Amazonia, puedo imaginar su internacionalización, como también de todo lo demás, que es de suma importancia para la humanidad.
Si la Amazonia, desde una ética humanista, debe ser internacionalizada, internacionalicemos también las reservas de petróleo del mundo entero. El petróleo es tan importante para el bienestar de la humanidad como la Amazonia para nuestro futuro. A pesar de eso, los dueños de las reservas creen tener el derecho de aumentar o disminuir la extracción de petróleo y subir o no su precio.
De la misma forma, el capital financiero de los países ricos debería ser internacionalizado. Si la Amazonia es una reserva para todos los seres humanos, no se debería quemar solamente por la voluntad de un dueño o de un país.
Quemar la Amazonia es tan grave como el desempleo provocado por las decisiones arbitrarias de los especuladores globales. No podemos permitir que las reservas financieras sirvan para quemar países enteros en la voluptuosidad de la especulación.
También, antes que la Amazonia, me gustaría ver la internacionalización de los grandes museos del mundo. El Louvre no debe pertenecer solo a Francia. Cada museo del mundo es el guardián de las piezas más bellas producidas por el genio humano. No se puede dejar que ese patrimonio cultural, como es el patrimonio natural amazónico, sea manipulado y destruido por el sólo placer de un propietario o de un país. No hace mucho tiempo, un millonario japonés decidió enterrar, junto con él, un cuadro de un gran maestro. Por el contrario, ese cuadro tendría que haber sido internacionalizado.
Durante el encuentro en que recibí la pregunta, las Naciones Unidas están realizando el Foro Del Milenio, pero algunos presidentes de países tuvieron dificultades para participar, debido a situaciones desagradables surgidas en la frontera de los EE.UU. Por eso, creo que Nueva York, como sede de las Naciones Unidas, debe ser internacionalizada.
Por lo menos Manhatan debería pertenecer a toda la humanidad. De la misma forma que París, Venecia, Roma, Londres, Río de Janeiro, Brasilia… cada ciudad, con su belleza específica, su historia del mundo, debería pertenecer al mundo entero. Si EEUU quiere internacionalizar la Amazonia, para no correr el riesgo de dejarla en manos de los brasileños, internacionalicemos todos los arsenales nucleares. Basta pensar que ellos ya demostraron que son capaces de usar esas armas, provocando una destrucción miles de veces mayor que las lamentables quemas realizadas en los bosques de Brasil.
En sus discursos, los actuales candidatos a la presidencia de los Estados Unidos han defendido la idea de internacionalizar las reservas forestales del mundo a cambio de la deuda. Comencemos usando esa deuda para garantizar que cada niño del mundo tenga la posibilidad de comer y de ir a la escuela.
Internacionalicemos a los niños, tratándolos a todos ellos sin importar el país donde nacieron, como patrimonio que merecen los cuidados del mundo entero. Mucho más de lo que se merece la Amazonia. Cuando los dirigentes traten a los niños pobres del mundo como Patrimonio de la Humanidad, no permitirán que trabajen cuando deberían estudiar; que mueran cuando deberían vivir.
Como humanista, acepto defender la internacionalización del mundo; pero, mientras el mundo me trate como brasileño, lucharé para que la Amazonia, sea nuestra. ¡Solamente nuestra!”
Es fascinante ver como se estructura un relato largo y no me refiero únicamente al desarrollo de su trama. Quién escribe una novela es porque tiene muchas cosas que decir pero todo ese material no se puede desparramar como quien da la vuelta a un cajón lleno de cachivaches encima de una mesa. Sabes que estas leyendo una buena novela cuando el autor te sorprende encajando todo ese montón de anécdotas y pensamientos que lleva dentro de manera perfecta. Esa es la sensación que tenía al leer Los tipos duros no bailan.
Norman Mailer (1923-2007) fue uno de los grandes escritores americanos de la segunda mitad del siglo XX y ganó un Pulitzer en el año 1980 por La canción del verdugo. En este libro nos relata un historia de suspense desde el punto de vista de un fracasado de vida disoluta. Mailer aborda sin rubor el sexo y el alcoholismo, con alguna mirada perdida al esoterismo pero sin perder de vista la dura realidad.
Me encantó esta historia de lectura ágil que comienza una mañana en la que Tim Madden despierta con una resaca horrible sin recordar apenas lo que había hecho la noche anterior pero sabiendo que no había sido nada bueno. A quién no le ha pasado.
Yo tampoco quiero crecer, voy a procurar seguir siendo feliz sin preocuparme del dinero… (¿y quien paga la hipoteca?) bueno, pues no me preocuparé, pero si me ocuparé (lo justo).
Este es el largo título de la última película de Tim Burton basada en el musical de Broadway del mismo nombre. No soy ultrafan de él pero me doy cuenta del talento de este hombre por películas como Batman, Mars Attack o Bitelchús. Evidentemente por los gustos del director y por el tono de la historia la película es muy oscura, pero desde un punto de vista más fantasioso que terrorífico como suele ser habitual en él. A pesar de ello la proyección nos depara algunas escenas un poco gore con lo que lo de llevar a los críos al cine igual no es del todo recomendable.
Los mejores números musicales son para Johnny Depp al que le tocan las mejores canciones, al menos en mi opinión. A la aparición de Sacha Baron Cohen quizás se le podría haber sacado más gracia pero imagino en la obra original sería así. Por otra parte Burton ha tratado de aprovecharse de la tecnología digital para expresar mejor su estilo gótico y le es útil aunque comparado con otros (como el gran Fincher) creo que no esta del todo logrado. Me parece una película potable aunque en algunos números me aburrí un poco.