Ayer volví a ver La Ruta Natural, corto dirigido por el catalán Alex Pastor estrenado en 2004 y premiado como mejor corto internacional en Sundance 2006(entre otros). El título, que se puede leer igual de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, nos ofrece da una pista sobre el juego que se desarrolla en el corto. Buen provecho.
Llamo al timbre pero nadie responde. Me pregunto si tal vez Lis no ha vuelto de su viaje. O sí, y simplemente duerme y no le apetece contestar al interfono. Tal vez crea que es el chico del correo comercial y piensa: ¿Para qué? Quizás esté con algún tipo y tenga sueño porque follaron hasta tarde, o no, tal vez tenga sueño sin más. O no, y él ya se ha ido y Lis abre un ojo, a medias para qué más, y ve su chaqueta, la de él, y se dice: ya se la daré otro día. Está tan a gusto recién jodida entre las sábanas y no le apetece moverse. No contesta.
El portal está rematado con un arco de medio punto, un enrejado de metal ocupa el semicírculo que dibuja la piedra. El enrejado dice: 1847. Las líneas de metal oxidado van girando sobre sí mismas de aquí para allá. Debajo queda el portón de madera, diría que roble, ceñido entre la piedra y adornado con dos pequeñas puertecitas en las que no queda más remedio que encogerse al pasar, como si uno les hiciese una pequeña reverencia. A lo mejor en 1847 todos los vecinos medían menos de uno cincuenta. Vete a saber.
Vuelvo a llamar y nadie contesta. Las puertecitas siguen cerradas. Otra vez: Yo, el interfono, las puertecitas; mas allá, quien sabe si Lis. De nuevo y sin haberlo planeado vuelvo a estar aquí, esperando una respuesta a través de un hilo de cobre estañado, y después de eso ¿el qué? En fin, no era lo previsto. Es todo tan precario.